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El samurai de Astrabudua

El destino llevó a Eder Gómez a Japón, donde vivió los mejores años del kickboxing en el país nipón.

En septiembre de 2011, el tifón Jebi causó estragos en todo Japón. El accidente natural más fuerte en golpear el archipiélago nipón en 25 años atravesó de sur a norte el oeste de la isla principal, Honshu, dejando a su paso un rastro innumerables daños materiales y personales. Y los extranjeros que residían allí tuvieron que abandonar el país. "Me volví a España con una mochila y el rabo entre las piernas. Fueron unos días muy complicados en los que abandonar Tokio era prácticamente imposible cuando se corrió la voz de que podía haber un accidente nuclear en Fukushima". Así rememora Eder Gómez su experiencia aquellos días. "Estuvimos tres días sin poder subir a casa por riesgo de movimientos sísmicos y tuvimos que salir del país como pudimos". Eder llevaba allí casi seis años, después de que a su mujer le dieran una beca para terminar su Doctorado. "Tenía la opción de ir a Estados Unidos o Japón y decidimos marcharnos a Japón. La idea era irnos un año pero aproveché a mirar gimnasios y seguir practicando kickboxing, mi gran pasión, allí. Al final la aventura se alargó casi cinco años". Llegó a Tokio sin saber que iba a vivir la eclosión del kickboxing en Asia. 

"Me apunté a un gimnasio con la intención de pelear.  En España había peleado muy poco pero surgió la oportunidad de un campeonato muy conocido en Tokio de caracter amateur y que dura todo el año. La gente suele empezar en ese campeonato porque es muy largo y aunque pierdas combate te van metiendo en diferentes liguillas para ir rodándote. Empecé ahí y poco a poco pude meterme en otras veladas. En Japón era muy fácil pelear siendo amateur". Él vio la oportunidad de cumplir uno de sus sueños y no tuvo dudas de que era su momento para subirse definitivamente al ring. "Pude vivir la mejor época. Una noche me tocó pelear en una discoteca ante 4.000 personas. En esos años se llenaba el Tokio Arena, donde cabían unas 60.000 personas, para ver a los mejores peleadores del mundo", apunta Gómez. 

Y es que lo que había empezado siendo un hobby acabó convirtiéndose por un tiempo en su profesión. "Normalmente compaginaba el trabajo con el kickboxing, pero durante unos meses me centré exclusivamente en pelear. Se pagaba más que aquí dependiendo aunque no para retirarte pero a los que les iban bien las cosas y les respetaron las lesiones ganaron bastante dinero. Yo empecé tarde a pelear porque ya tenía casi 30 años e hice lo que me dio tiempo", reconoce sobre las consecuencias de la fiebre en Asia por los deportes de contacto. "Es parte de su cultura. Para ellos es algo muy normal y por su manera de ser son mucho más estrictos con las normas que en Europa. No hacen nada que no se haga aquí y son bastante clásicos en su modo de pelear pero son muy disciplinados. Allí cuando empiezas a entrenar estás todo el tiempo metido en faena y no hay tiempo para la dispersión. Yo entrenaba entre dos y tres horas todos los días aunque cuando me tocaba competir echaba muchas más horas". 

Aunque en la mayor parte de su estancia en Japón Eder compaginó el gimnasio con otros trabajos. "El más curioso fue en un programa en la televisión nacional. En la cuadrilla teníamos un amigo, Ricardo, de Madrid, que se buscaba la vida de todas las maneras. Me habló de una agencia de modelos en la que había posibilidades porque ven exóticos a los extranjeros. Me apunté y nos llamaron para hacer un de animadores en un programa bastante conocido en la televisión nacional. Íbamos los sábados a reir las gracias de los invitados, hacer alguna broma... Un día vino al programa Mariah Carey, a la que teníamos que acompañar hasta donde estaba el presentador. Antes de entrar a plató estuvimos hablando con ella y alucinaba de que estuviéramos viviendo y trabajando allí. "¿Qué hacéis aquí viviendo con estos locos?" nos decía.

Hasta que llegó el tifón a Tokio en 2011. "Teníamos una cuadrilla con más de 20 amigos. Nos fuimos todos salvo dos y ninguno ha querido volver". Eder rememora su aventura en el lejano oriente desde su gimnasio en Astrabudua, un municipio de Vizcaya de 10.000 habitantes donde ha podido encontrar un día a día en el que puede desarrollar lo que siempre quiso. "Estoy todo el día en el gimnasio pero hago lo que me gusta. Aquí formamos a competidores pero también a gente que solo viene para hacer deporte" Por sus manos han pasado, entre otros, Haritz López de la Calle, ex campeón de España profesional de K1, competidores de MMA y varios boxeadores. "Estoy feliz porque es para lo que he estado preparándome toda la vida"

Pero hay semanas en las que es imposible encontrar a Eder en el Gimnasio AKT que regenta. "He estado en dos campeonatos internacionales compitiendo en veteranos con la selección española. En 2017 en el Campeonato del Mundo de Hungría y este año en el Campeonato de Europa que se celebró en octubre en Bratislava. Espero poder ir a más campeonato porque es la excusa perfecta para quitarme el gusanillo y seguir viajando". Y son su posición y su experiencia las que convierten al vizcaíno en una de las voces más autorizadas para desgranar la situación del kickboxing en España a nivel de selecciones. "El principal problema son los medios con los que cuenta la Federación, que son muy pocos. Así es complicado juntar a la selección para hacer concentraciones, preparar campeonatos y coger experiencia participando en torneos internacionales. Ganas y nivel hay, tenemos a entrenadores que están entre los mejores del mundo pero no tienen la oportunidad de llevar a la gente a rodarse. Después llegas a un campeonato de Europa o del mundo y te encuentras a países que se recorren el mundo compitiendo y es muy difícil ganar a esa gente. A nivel deportivo y humano hay un gran grupo pero se necesitan más medios para poder desarrollarse", apunta el competidor, que destaca la importancia del seleccionador nacional Joxé Eguzqiza.

"Tenemos como principal referente técnico a un deportista que ha sido un grande a nivel mundial y que ve todo lo que pasa en el ring, por algo le llaman el zorro. Es una persona que con un par de indicaciones te hace cambiar una pelea y ganarla. La gente no es consciente de lo que Eguzqiza representa porque es una persona muy cercana y eso hace que se te olvide que es varias veces campeón del mundo y que se ha medido a los mejores de la época y en los escenarios en los que todos soñábamos pelear. Es una eminencia y que sea el seleccionador aporta una gran riqueza a nuestros deportistas". 

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