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La orientación te lleva donde nunca imaginaste

A través de este deporte, muchos niños en Mozambique han encontrado la posibilidad de soñar con un futuro mejor.

Latitud 26º 7' 6" S, Longitud 32º 16' 57" E. Son las coordenadas de la “Escola Casa do Gaiato”, en la Aldea de Massaca, distrito de Boane, Maputo, Mozambique. Allí, con su brújula y su amor por la orientación, un orientador de la Federación Española de Orientación, y la inestimable ayuda de otros compatriotas, ha contribuido a cambiar el destino de algunas personas. Lo hace porque, como sucede muchas veces con las mejores historias, la casualidad, o puede que fuera el destino, quiso aportar su granito de arena. Una cinta en la cabeza escrita en búlgaro con la leyenda "Amo la Orientación" fue la génesis de todo. Allí, en el Parque Antonio Repinga de Maputo, a más de 7.000 kilómetros de distancia de Bulgaria y de España, a las cinco de la mañana de un caluroso día de 2001, José Samper y Joel Libombo, Ministro de Educación y Deportes de Mozambique por aquel entonces, estaban a punto de encontrarse.

Fue esa cinta la que propició el primer encuentro entre ambos. Un idioma poco común y un deporte prácticamente desconocido por esas latitudes propiciaron la primera de unas reuniones que cambiarían el futuro de muchos niños en Mozambique. La pasión de José Samper y Libombo por la orientación llevó al español a dar la primera clase sobre la materia, una semana después, en la “Escola da  Polana”, a la Liga Nacional dos Escuteiros de Mozambique, versión de los Boys Scouts en portugués. La aventura comenzó con un mapa del parque Antonio Repinga y ha ido dando pasos hasta los planos de una nueva escuela deportiva, quizá en un futuro “CAR Gaiatos. Meninos da Rua”, un centro de Alto Rendimiento para niños de la calle. Es el objetivo del proyecto que comienza.           

Han pasado muchos años desde 2001, pero la orientación sigue presente en la historia del desarrollo de Mozambique. Una modalidad deportiva diferente. Asignatura obligatoria en los países nórdicos debido a las posibilidades de crecimiento intelectual y físico, que basa su proceso en la toma de decisiones, así como su transversalidad disciplinar y la situación espacial, o el dominio de la topografía... En definitiva, algo más que un deporte que ha ayudado en la necesaria motivación diaria a chicos y chicas de Mozambique. Unas capacidades adquiridas que les han facilitado encontrar la ruta ideal en el bosque de la vida, salvando obstáculos normales para nosotros pero casi insalvables para ellos. Como si de una carrera en medio de cualquier bosque se tratara, su vida está llena de toma de decisiones en momentos de mucho estrés, en un mundo de constantes indecisiones. Poder enfrentarse a ellas con garantías es, para niños de la calle, su mejor regalo. Han encontrado un futuro que está en sus manos.

Y lo han hecho a través de la Escuela-Orfanato “Casa do Gaiato” de Boane, Centro de la Fundación del Padre Américo, que como en casi todas las familias tiene, “un Padre ideal” en la figura del Padre José María, a  “la mejor madre” Quiteria Torres, “una imponente tía”  como es la enfermera española María José Castro , de la Fundación Mozambique Sur, y hasta“un tío todo terreno”, Raúl Cánovas, que llegó allí como voluntario de la ONG Cruzada por los Niños y entrenador de la Fundación del Real Madrid, aspirante a ser ese director de la Escuela deportiva. Ellos han hecho posible el “Milagro” de que 180 niños puedan tener la oportunidad de tener una vida mejor. En Casa do Gaiato estos niños tienen su familia, su casa, su padre, su madre…, mientras que son hasta 700 los que tienen la oportunidad de acudir diariamente a la escuela.

Pero no se conforman con lo que ya han hecho, quieren más. Han abierto las puertas de la escuela a 25 niños seropositivos VIH, de todas las edades, abandonados por sus familias. Juntos,  todos son hermanos, han aprendido a convivir con una enfermedad que no es mortal, pero que no tiene cura. 

Ahora, un quebradero de cabeza más en Casa do Gaiato es la Escuela Deportiva. Desde que el sol asoma por el horizonte a primeras horas de la mañana y empieza un nuevo día, todos los esfuerzos se centran en convertir planos en realidades. A través del deporte, muchos encuentran la ilusión en su día a día. Solo hay que mirar a los ojos de los más jóvenes para entender su amor por el deporte, que nunca es solo deporte. Por eso, en esta escuela podrán jugar al fútbol, el deporte universal; practicar atletismo, que por terreno para correr no va ser y no exige muchos medios, carreras de fondo,  aunque las modalidades técnicas, eso ya será otra cosa; seguir descubriendo el mundo que les rodea a través de la orientación, por motivos imaginables, además de practicar judo, mucho judo. En esto, de nuevo, tiene mucho que ver la casualidad. Una de esas que sucede de vez en cuando y que cambia el curso de la historia. Porque sin ella, en lugar de hablar de sueños podríamos estar haciéndolo de una de esas tragedias de las que nadie ha oído hablar tan habituales en el continente africano, tan solo si en ella tiene la desgracia de fallecer un occidental.

      Fue en una excursión de los miembros de la Liga dos Escuteiros de Mozambique a la isla de Xefina. La aventura comenzó en un barco con vela de trapos y acabó con un joven mozambiqueño de nombre Neuso Sigauque embarcando en un avión con destino a los Juegos Olímpicos de Londres. Neuso, junto a un numeroso grupo de jóvenes, se dirigían a Xefina para continuar su aprendizaje en el terreno de la orientación. Lo hacían en una embarcación donde se amontonaban demasiados chicos y chicas “Quince Meticais” tenían la culpa . Nadie quería perderse la aventura en la isla, así que nadie se quedó en tierra. Mucho peso para una embarcación que ya hacia aguas desde la orilla y que terminó hundiéndose dejando el destino de todos ellos en manos del mar. De la nada, sin saber de nuevo si fue la casualidad o el destino, otra barca de vela y una lancha motorizada llegaron hasta donde se encontraban y pudieron salvar la vida de todos, pero las pertenencias de Neuso, como las de otros, quedaron en el fondo del mar de por vida. Miembro de una familia humilde, sin padre, se había quedado sin dos de las pocas cosas que tenía. El disgusto era evidente. Pero todavía no conocía que lo que había hecho era encontrar la oportunidad de su vida.

Después del infortunio, algunos se volcaron en ayudar a un gran aficionado al judo, que acabó en un gimnasio en el que empezó a disfrutar de su pasión. Siempre con los ojos abiertos, tratando de atrapar cualquier oportunidad que le daban, absorbiendo como una esponja todo lo que le contaban, logró buscarse la vida y construir un camino cuya ultima parada le llevó a ser olímpico por su país, Mozambique, en el año 2012. Fueron tres los deportistas que representaron a Mozambique en la capital británica. Uno de ellos, sobre un tatami y con su kimono puesto, llevaba el apellido Sigauque a la espalda y a todo Mozambique y un español en el corazón.

Fue testigo de primera mano del mayor evento del planeta, y además lo hacía como protagonista. Neuso era parte del movimiento olímpico gracias a su perseverancia y esfuerzo diario. Le habían ayudado a dar los primeros pasos, pero nadie te regala una plaza en los Juegos Olímpicos. Un ejemplo de superación que ahora quiere devolver todo lo que recibió. Lo hace transmitiendo lo que sabe para guiar a los más jóvenes en la escuela de judo. El objetivo es sacarlos de la calle, que encuentren una motivación para convertirse en deportistas como años antes hicieron con él.

Entrenó muy duro a diario, en un tatami de la 7ª planta del edificio Electrecidade, pudo salir de Mozambique y conocer otros países. Practicó durante horas y horas en España, Francia y Kazajistán, donde se formó como deportista, antes de volver al lugar que lo vio nacer, allí donde otros niños sueñan con emularle, en cruzar las fronteras de su país, para ser olímpicos por Mozambique y quizás, por qué no, ser algún día campeones. Algunos de ellos ya lo han logrado.

Porque la orientación te lleva donde nunca imaginaste. Con el objetivo de ser la primera escuela africana en participar en un Campeonato del Mundo Escolar, se iniciaron contactos con la International School Federation para estudiar las opciones. En 2009, el Mundial de España parecía una ocasión inmejorable. Pero no obtuvieron el permiso. Los costes, las duras leyes y los problemas con los documentos oficiales lo hicieron inviable. En 2011, tampoco fue posible. Pero el trabajo paga. Y acabó haciéndolo en el Mundial de Portugal 2013. Fueron inscritos de forma oficiosa, por más problemas con los documentos, pero allí estaban. Cuatro jóvenes procedentes de la Escola Casa do Gaiato de Boane iban a representar a una nación de más de 20 millones de personas.

Tras la preparación a la que fueron sometidos en su país natal por Raúl Canovas, entrenador de futbol y convertido a técnico de orientación, el perfeccionamiento técnico llevados a cabo en El Portill, Valladolid, fueron capaces de llegar a la meta en todas las competiciones. Pero no se trataba solo de deporte, nunca se trata solo de deporte, el deporte educa. Era África en Europa, y además en Portugal, de la que Mozambique fue colonia hasta el año 1975.  Las muestras de cariño y aplausos de los portugueses para con los chicos llegados de África fue indescriptible. Un gran contraste con el resto de países, que acogieron a la delegación mozambiqueña como una más, e incluso la otorgaron oficiosamente el premio al Fair Play, que no pudieron disfrutar al no ser Mozambique miembro de la ISF, esta distinción fue para España, la nación que hizo posible que esta escuela estuviese presente. Fue el último Campeonato del Mundo Escolar que pudieron disputar, los problemas en las fronteras de los últimos años han provocado que las opciones de salir a competir hayan disminuido considerablemente, aunque los chicos de Massaca/Boane sí han tenido la oportunidad de dejar su huella en nuestras fronteras.

Fue en la Donosti Cup en 2015. A través de la Fundación Cruzada por los Niños, se fundó en Casa do Gaiato una escuela de fútbol de la Fundación Real Madrid. Encabezados por Raúl Cánovas, que llegó hasta Mozambique como entrenador y se ha convertido en una pieza clave gracias a su inestimable ayuda en términos económicos y de organización, un grupo de niños viajó hasta San Sebastián para disputar su primer torneo de fútbol. En España, como ocurriera en Portugal, los jóvenes africanos demostraron su competitividad y se ganaron el cariño de público y rivales. Un grupo de niños volvió a demostrar una vez más que el deporte no es solo deporte. Nunca lo es



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