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Claudia Gilabert, el salto a un sueño tatuado en la piel

Comienza la temporada 2019 de saltos de trampolín con el objetivo Tokyo2020, un objetivo con el que sueña Claudia Gilabert, después de recuperarse de una operación de hombro.

Varias hojas de laurel en el dorso de la mano izquierda. Sobre ellas coloca Claudia Gilabert su mano derecha antes de cada salto. A veces se encuentra a 1m sobre el agua, otras a 3m. Para alguien que no ha hecho saltos de trampolín nunca, una locura. Para alguien que empezó a saltar con siete años, su vida. “Mi primera competición fue con siete años. Era la más pequeña, competía contra chicas de 12 y gané el Campeonato. Desde entonces, hasta que tuve que operarme del hombro en 2016, todos los años me subía al podio”.

Su nombre era uno de los que aparecía en las quinielas para Río 2016. España podía llevar hasta dos saltadores por sexo, siempre y cuando tuviesen las mínimas. Desde Munich 1972, la presencia de saltadores españoles en los Juegos Olímpicos había sido ininterrumpida (como recoge la RFEN en un informe de Juan Antonio Sierra y Josep Bas). Sin embargo, la racha se truncó en Brasil. Ningún español estuvo presente en salto de trampolín en los últimos Juegos Olímpicos. El sueño de Tokyo 2020 es el que persiguen los que se quedaron a las puertas, como Nicolás García Boissier y Alberto Arévalo. Lo que nadie se esperaba es que Claudia Gilabert siguiera en esa pelea. “En el último año, cuando me ven en una piscina me dicen: “¡Has vuelto!”. Yo respondo que nunca me fui, que me retiraron ellos”.

El hombro fue el culpable del calvario que sufrió Claudia a pocos meses de Río. “Se me salió por primera vez con ocho años y dicen que hasta que no te operas no se recupera nunca”. Ella no se operó y compitió durante años. Hasta que, en la competición previa a la Copa del Mundo de saltos que repartía las últimas plazas olímpicas, el hombro se le salió mientras caía al agua. “Salí llorando. El hombro me había dado guerra y forcé, pero necesitaba hacerlo porque Rocío Velázquez tenía mejor mínima que yo. Yo era la segunda de dos plazas y, si alguien nos superaba, la que se quedaba fuera era yo”. Todo daba a entender que el sueño olímpico se había acabado para Claudia Gilabert.

Comenzaron entonces dos años durísimos. Un primer año de fisios, de intentar recuperar el hombro, de saltos y parones forzados. Sus padres buscaron a uno de los mejores especialistas en operaciones de hombros y Claudia pasó por el quirófano: “Me dijeron que era una operación de 45 minutos y tardé seis horas en salir. Cuando abrieron se dieron cuenta de que el hombro estaba destrozado”. Pero el doctor sabía que el deseo de Claudia no era únicamente recuperar su hombro, sino volver a saltar. Empezó de cero, a entrenar, a competir: “Fue duro porque en las primeras competiciones las puntuaciones eran muy bajas. Pero comencé a hacer saltos que antes de la operación nunca había hecho y que nadie había hecho antes en España”.

Pero en ese periodo de volver sufrió tanto, que cambió la Ciudad Condal por la capital, el CN Barcelona por las piscinas del M86. “Hay gente de mi edad y mucha más competitividad. En Barcelona yo estaba sola entrenando, siendo la referente. Ahora hay gente muy buena con los que entreno a diario”. Pero volver no fue fácil, y no solo por las puntuaciones de los jueces. “A mí siempre me había encantado competir. Pero tras la lesión, me entró miedo escénico. Yo era de las que me superaba en las competiciones, pero ahora entreno muy bien y, sin embargo, no sé competir”. Para buscarle solución ha estado trabajando con una psicóloga, con la que ya realizó una primera competición y con la que ha preparado el próximo Campeonato de España de invierno de saltos que se va a disputar en las piscinas del M86 los días 26 y 27 de enero.

Será en las piscinas en las que Claudia ha construido su nueva casa. En Madrid, un lugar en el que sobre el trampolín la conocen como una de las niñas prodigios de los saltos, donde todo el mundo entiende el apellido Gilabert (sus dos hermanas también saltaban y una sigue haciéndolo). En Madrid, un lugar donde fuera del agua, la conocen más como @bonitolojusto, tatuadora y ahora escritora (acaba de publicar un libro: Mi primera última vez, de posdata ediciones, un libro en el que la imagen de la portada es el laurel de su muñeca).

Con 24 años no solo no está retirada, sino que piensa en Tokyo 2020 y París 2024. Lo hace cada vez que se sube al trampolín, que aprieta con su mano derecha la mano izquierda, que cubre el laurel con el que coronaron a los medallistas en Atenas 2004. El laurel que representa el sueño, que espera que un día haya más tinta sobre esa zona de la piel, que aguarda la llegada de los aros olímpicos. Bonito lo justo.

© - LaLigaSports - Año 2019

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